LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO

04
Nov

resumen

En la dispensación levítica, Dios ordenó al pueblo de Israel el sacrificio de animales limpios para el perdón de sus pecados.

El sacrificio de animales fue una figura del sacrificio del Señor Jesucristo, quien vino a ser el Cordero perfecto, que quitó el pecado del mundo, derramando su sangre en la Cruz para remisión de los pecados de los que creyeran en el evangelio de salvación:

Por eso en las Sagradas Escrituras se menciona que la vida de toda carne es su sangre. El pueblo de Israel ofrecía sacrificios de animales limpios a Dios para recibir el perdón de sus pecados:

La sangre de las víctimas que se ofrecía fue una figura de la sangre del Señor Jesucristo. El precio del rescate de la humanidad para libertarlos del pecado y de la muerte fue pagado con la sangre del Señor Jesucristo ofrecida como la de un cordero sin mancha ni contaminación.

El Dios Altísimo dio la muestra más grande de amor por la humanidad al entregar a su único Hijo para ser sacrificado en la cruz, para que el mundo alcanzara salvación. Sólo la sangre del Señor Jesucristo podía volverle al hombre la expiación de sus culpas:

El Señor Jesucristo murió de forma cruel, derramando su sangre hasta la muerte, su sangre nos reconcilia con Dios, nos redime, nos purifica, nos santifica, nos justifica y establece un nuevo pacto para tener oportunidad de alcanzar la vida eterna.

Con su sacrificio, el Señor Jesucristo rescataría a muchos, destruyendo al que tiene el imperio de la muerte y recuperando lo que el hombre había perdido por su desobediencia a Dios:

El Hijo de Dios fue entregado en manos de los impíos y sometido a todo insulto y tormento, sufriendo la más cruel de las muertes y padeciendo largas horas de terrible agonía.

La sangre Jesucristo pagó la deuda del pecado de las personas que lo reciben como su Salvador, quedando liquidada dicha deuda con su sacrificio en la cruz. Fue ofrecido para rescatar a la humanidad de la esclavitud del pecado con el incalculable precio de su propia sangre como la de un cordero sin mancha y sin contaminación:

La sangre del Señor Jesucristo limpia a las personas de todo pecado en el momento de bajar a las aguas del bautismo para perdón de sus pecados pasados. Las personas son las que deciden en aprovechar o desperdiciar esta hermosa oportunidad que Dios les ha otorgado a todo el mundo:

En la víspera de la muerte del Señor Jesús, previamente a ser sacrificado para ofrecer su vida por la humanidad al tomar la copa y darla a sus discípulos les dijo que todos bebieran porque era su sangre del nuevo pacto, la cual era derramada para perdón de los pecados de las personas.

Un pacto es una alianza o convenio entre dos o más partes que acuerdan cumplir determinadas acciones. La palabra testamento es un sinónimo de pacto. Un testamento es aquel documento que contiene la voluntad del testador con todas las obligaciones y requisitos necesarios para que sea válida la herencia estipulada en el testamento.

La herencia que dejó el Señor Jesucristo para toda la humanidad no fue de bienes terrenales o corruptibles sino que dejó como legado la promesa del reino de Dios: Romanos 8:16-17.

Para que las personas pudieran acceder a dicha herencia era necesaria la muerte del Señor Jesucristo:

Así que, por eso es mediador del nuevo testamento, para que interviniendo muerte para la remisión de las rebeliones que había bajo el primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, necesario es que intervenga la muerte del testador. Porque el testamento con la muerte del testador es confirmado; de otra manera no es válido entre tanto que el testador vive” HEBREOS 9:15-17.

Con la sangre preciosa del Señor Jesucristo, los creyentes en el evangelio de salvación están asegurados en la misma herencia del Salvador del mundo, de la cual nos hizo copartícipes con la sangre de la alianza que Dios estableció para la remisión de los pecados de la humanidad.

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